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Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 21 de febrero de 2019

#Ellos hablan

Leí el libro aterrado, como si yo fuera casi un sobreviviente. Es claro que uno no elige a sus padres, uno nace y con el tiempo se entera quiénes son ellos. Siendo así, que uno crezca en una “buena” familia es casi un milagro. O al menos eso pensé cuando leí en detalle las historias de hombres y su visión sobre esos seres que no siempre son queridos. A veces un padre puede ser un hombre con quien uno debe enfrentarse porque puede ser capaz de matar sin remordimiento a un integrante de la familia, o puede dejar los más terribles traumas, y eso definirá el comportamiento social el resto de la vida.

Lydia Cacho es una periodista mexicana, en 2005 denunció una red de explotación infantil en el estado de Quintana Roo. De esa investigación surgió un libro impresionante, “Los demonios del Edén”, pero también tuvo que enfrentar múltiples violaciones de sus derechos fundamentales; por esa razón, apenas a principios de este año, el estado mexicano le pidió perdón por: violación del derecho a la libertad de expresión; detención arbitraria; tortura como instrumento de investigación; violencia y discriminación en razón de su género; e impunidad y corrupción alentada por las instituciones. Cacho, sin duda, es una de las periodistas más importantes en Latinoamérica.

Recientemente publicó un nuevo libro “#Ellos hablan”, testimonios de hombres que cuentan cómo fue la relación con sus padres, el machismo y la violencia. Cada testimonio leído me generó rabia y dolor, una angustia y una tranquilidad a la vez porque, por fortuna, yo no viví lo que vivió Ignacio, Pablo, Claudio, Tadeo, Alberto, Ismael o Gerardo: “Un día golpeó tanto a mi madre que la ambulancia se la llevó. Dos días después, el 9 de julio de 1971, nos dijeron que mamá estaba muerta. Que había fallecido de un infarto. Yo sabía que eso era mentira, pero todos en la familia decidieron ocultar la verdad para no manchar el nombre o la reputación de mi padre, que tenía una carrera importante en el Ejército mexicano”.

Escuchar como “ellos hablan” puede resultar aterrador, pero es necesario, la violencia, como lo ha demostrado la ciencia, no es instintiva, constituye una elección informada de quien maltrata. Esto es clave cuando hablamos de violencia de género.

El libro vuelve sobre varios de los conceptos que ya creemos comprendidos pero que es bueno repasarlos nuevamente bajo la luz de la ciencia y nuevos hallazgos periodísticos. Todo va ocurriendo en la medida que se cuentan las historias y los debates, la doble moral y el camino que aún falta comprender para que convivamos mejor como sociedad.

Ojo con esto, la mayoría de los hombres que de niños vivieron violencias diversas, producto de una formación machista para “hacerlos hombrecitos”, buscan argumentos, desde los más intelectuales hasta los más sencillos, para decir que la violencia psicológica, patrimonial o verbal no son malos tratos inaceptables, sino formas de ser de sus padres, dice Cacho, “las macroviolencias comienzan con las microviolencias”, y ahí es cuando uno se da por bien servido al nacer en una familia sin oprimidos ni opresores.

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