“Es el triunfo de las emociones negativas”. Así calificó Felipe González, exmandatario español, el resultado del referéndum en el Reino Unido que definió su salida de la Unión Europea. Hacía alusión a que la campaña por parte de los líderes del Brexit recurrió a la xenofobia y apeló al nacionalismo ramplón como estrategia para cautivar la población y obtener el triunfo en las urnas.
Hábilmente se redujo el debate a problemas de inmigración y a la generalización de que el Reino Unido entregaba demasiadas competencias como Estado a la Unión Europea, cuando realmente había mucho más en juego al salirse como se ha venido a comprobar. La cosa no era tan sencilla como la pintaban los que apoyaron el Brexit. Simplificaron todo a un par de emociones...