A mí me sorprende la capacidad que tienen tantos colombianos de opinar sobre todo. Van por la vida declarando, hablando como expertos sobre cualquier cosa, o al menos eso creen. Casi nunca tienen un “no sé” para una pregunta, son especialistas hasta en eso que los mismos especialistas apenas están indagando, pero eso no importa, a muchos lo que les gusta es que el otro hable, declare, suelte las palabras, no un contenido contundente sino que el espacio se llene, así sea de estupideces. Pasa algo, escuchan algo, y de inmediato tienen sus lenguas listas (en plural porque evidentemente no tienen solo una, tienen varias, según las ocasiones) y se van lanza en ristre con estruendo a perturbar la vida, porque hay palabras que no consuelan, al contrario,...