Nuestra sociedad cada vez pone más altos los estándares de belleza y perfección. Nada que no pueda solucionarse con un bisturí y una buena cuenta bancaria, según lo evidencian las agendas, repletas de citas, de los cirujanos plásticos. Pero cuando los “defectos” no son del empaque sino de la maquinaria, las personas que los padecen tienen que abrirse paso a codazos, no tanto para encajar en lo moldes preestablecidos, prejuicios de los que ellos no tienen conocimiento, sino, al menos, para ser incluidos en un mundo del que también hacen parte.
El autismo no es una enfermedad. Es un trastorno cerebral complejo cuyo origen no ha sido determinado exactamente por la ciencia. Lo que sí está claro es que nada tiene que ver con las vacunas o con factores...