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Dany Alejandro Hoyos
Columnista

Dany Alejandro Hoyos

Publicado el 11 de mayo de 2022

Érase una vez un sueño

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, nos llenamos de frustración por habernos pasado la vida aplazando lo que queríamos hacer. Esperamos que se alineen los planetas para perder el miedo, echarnos al agua y conquistar lo que siempre hemos querido: ese trabajo, ese viaje, ese amor, esa vida.

Érase una vez una pandemia que llegó con muchos cambios y nos mostró, de nuevo, la inminencia de la muerte, la vulnerabilidad y el desamparo.

Érase una vez un abuelo que murió a causa del covid. Este abuelo tenía un nieto con el corazón diluido en la ausencia. En medio del dolor, el nieto entendió que también se podía morir sin hacer muchas cosas que quería. ¿Qué estaba esperando? No se sabe. Era un anhelo que iba aplazando por otras cosas que hoy, viéndolo en perspectiva, siente poco importantes y fútiles.

Érase una vez un sueño. Una librería con café. En aquella librería se le daba posada a escritores y escritoras. Virginia Wolf tenía su habitación propia. Era muy común encontrar a García Márquez y sus frases inmortales, a Pamuk y su Turquía, a Vallejo y su cantaleta ilustrada, a Saramago y su ceguera, a Oriana Fallaci y su hijo no nacido. Allí se alojaban las palabras, las sinalefas, los alejandrinos, las metáforas, el ecuménico cantar de las palabras.

Érase una vez un lector que convocó a un equipo para convertir un sueño en una librería real. Una librería para todos: los que comienzan a leer, los que no saben qué leer, los que compran y no leen, los que leen de todo, incluso para aquellos con ínfulas de intelectualidad que miran a los demás por encima del hombro, esos intelectuales de vereda que tienen un manto de soberbia que les cubre los ojos y no les deja ver que los que leen para sentirse superiores a los demás no han leído bien.

Érase una vez una librería que nació en el barrio Belén de Medellín hace un año mientras el país se debatía en el paro, las protestas y el bloqueo. Unos, al saber de la creación de la librería, celebraron, otros preguntaron con asombró: ¿y a quién se le ocurre abrir una librería, en pandemia, en medio de un paro, en un país en el que una persona lee en promedio 2,7 libros al año? Una locura.

Érase una vez un columnista y librero feliz porque esa librería cumplió un año y quiere recordarles lo inútil y frustrante que es esperar el momento indicado para cumplir sus sueños, que si desean que pase algo, no se queden esperando y salgan a buscarlo; no será fácil, pero tampoco imposible.

Érase una vez un abuelo sonriendo desde el cielo al ver a su nieto con su librería. Érase una vez unos lectores que al leer esta columna comenzaron a planear sus propios sueños para que su estirpe tuviera una segunda oportunidad sobre la tierra 

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