Es claro que el presidente Santos nunca va a conectar con la gente. No sabe cómo hacerlo, no es apto, y por lo tanto su estilo de gobierno y la forma en que lleva a cabo sus ejecutorias está definida por esa incapacidad y por las posibilidades de gobernabilidad que le ofrecen otras formas. En ese contexto, Santos es el presidente de la clásica política milimétrica en la entrega del aparato estatal a unos y otros para conseguir apoyos y gobernar. Y para qué, es bien bueno en eso, porque claramente con ese estilo tan enrevesado ha sabido mantenerse.
Santos es un intérprete eximio de la parte de la política que es la negociación, la transacción, pero desgraciadamente oscura en este caso porque no es por ideas o proyectos ni mucho menos, es por puestos...