Ya no sé qué más hacer para poder entender, para digerir, para soportar este diluvio inacabable de mangantes. Cuando todo esto empezó, hace ya unos años, intenté asumir la parte que nos correspondía a los ciudadanos de a pie. Como tantos otros articulistas, escribí sobre las pequeñas corrupciones que cometemos de forma habitual en nuestra sociedad: la famosa frase de “la factura, ¿con IVA o sin IVA?”, por ejemplo; o ese odioso chantaje al que te someten (o quizá sometían, por fortuna creo que eso está desapareciendo) algunos vendedores de pisos al obligarte a pagar en negro cierta parte del precio. Cuando empezaron a emerger los corruptos como corchos aflorando a la superficie de un lago negro, una buena parte de los españoles pensamos que esos...