Todo un sainete ha sido la elección de las personas llamadas a ocupar el cargo de Fiscal General de la Nación. En efecto, por él han desfilado políticos mañosos llamados a corromper de forma aleve la administración de Justicia, asesores de empresarios cuestionados, personas sin ninguna preparación académica, aventureros dispuestos a vender su alma al diablo, o personajes expertos en saquear el erario como sucedió con la escandalosa feria de contratos de la anterior administración.
Eso también sucede con el servidor público actual: mientras más se profundiza el escándalo de corrupción que lo envuelve y arrastra a todo su entorno, más estupor siente la comunidad cuando conoce los progresivos detalles sobre las posibles conductas punibles realizadas...