La autoestima se forma en los niños como consecuencia del amor que les demuestran las personas que son más significativas en su vida, especialmente sus padres. Y esa es la conclusión a que llegan los hijos cuando nosotros y los demás seres queridos le manifestamos un sincero aprecio e interés por ellos, indistintamente de sus capacidades, sus logros, su personalidad o su apariencia.
Sin embargo, esto no es lo que ocurre cuando a pesar de que los padres amamos con toda el alma a los hijos, ellos no se sienten valorados por nosotros, porque perciben claramente que, pese a todo, nos sentimos decepcionados por su manera de ser, su apariencia, su rendimiento académico o sus defectos y limitaciones. Este sentimiento se afianza en ellos cuando les...