Un niño derrotó en las heladas estepas rusas a los ejércitos de Napoleón y de Hitler. No fue un crío rubio y espigado criado entre los hielos polares sino otro bien distinto, llegado de un lugar desconocido para quienes libraron aquellas batallas en 1812 y 1941. Aquel “Niño” vino del mar y nació la anterior Navidad, cuando el fenómeno del sobrecalentamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial alcanza su mayor intensidad, lo que altera los patrones de lluvias y provoca intensas sequías e inundaciones en toda América. Sin embargo, su poder se extiende por todo el planeta y es por eso, según los meteorólogos, por lo que tanto Napoleón como Hitler vieron sepultadas a sus tropas bajo las nieves rusas de aquellos inviernos gélidos. Porque...