Con la paupérrima, franciscana votación de mi candidato De la Calle en las elecciones del domingo 27, me dolieron desde la silla turca hasta el esternocleidomastoideo.
Es más: olvidé las migajas de latín que me quedaban del seminario donde estudié, cerca de Manizales, ciudad donde De la Calle hizo cursillo para ateo.
No incurriré en la blasfemia de decir que Dios tomó represalias contra el pazólogo de Manzanares porque el hacedor de estrellas no interviene en política. Pero las dudas me asaltan.
Lo sucedido nos tiene haciendo vaca para pagar la deuda adquirida por el hombre que nos regaló la accidentada paz con las Farc. Lo espera la práctica de un deporte que Chaplin definió así: El golf consiste en pegarle a una pelota pequeña sin tocar la grande....