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Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 03 de febrero de 2022

Hamnet

No es casualidad que Hamnet, de la escritora británica Maggie O’Farrell, se haya publicado por primera vez en 2020, cuando justo el mundo estaba tratando de entender qué es una pandemia, una peste. Ese año, la crítica anglosajona se despachó en halagos, también llegaron los premios, el reconocimiento universal de una escritora que había publicado otros libros, pero que, sin duda, con esta novela demostraba, como bien escribió The Guardian, que “siempre hay nuevas historias que contar”.

Y eso es lo que hace O’Farrell, adentrarse en una historia que a los biógrafos e historiadores poco o nada les ha interesado y reivindicar a una mujer que no sé qué tanto les resulte familiar: Agnes Hathaway, y a un chico que hace su aparición desde el principio, como un fantasma, en una casa solitaria: Hamnet, o Hamlet, que son en realidad dos formas perfectamente intercambiables de un mismo nombre, según consta en los anales de Stratford de finales del XVI y principios del XVII. Hasta aquí, supongo, estos datos no dicen mucho; por eso la literatura es tan apasionante, porque bajo la mirada de una escritora acuciosa, un nuevo universo, un nuevo imaginario puede surgir.

Y eso es lo que hace Maggie O’Farrell, “desaparece” a quien está detrás de estos dos personajes, y de quien, sin duda, algo habrán escuchado, William Shakespeare, y les da toda la vitalidad y fuerza narrativa a los seres casi anónimos para la Historia. Para hacerlo, bebe directamente de la biografía que la autora feminista Germaine Greer le dedicó a la esposa del dramaturgo desde esa perspectiva. “No me plantee el libro desde una sensibilidad feminista, pero mi motor, como en el caso de Greer, era contar una historia que se había escondido. Lo importante era darle una voz a este chico abandonado por la historia, así como a su madre y hermanas”, dijo O’Farrell el año pasado a El Periódico de Barcelona.

En 2021 Hamnet se publicó en español y también fue reconocida como una gran novela. Aquí nada es exagerado, la delicadeza de la escritura, la forma como relata la cotidianidad del siglo XVI, las complejidades familiares, las rivalidades, la envidia, cada palabra puesta, cada silencio nos demuestran la dicha que es encontrarse una joya. Además, Agnes, mujer mítica, sabia, con profundos conocimientos sobre plantas curativas y de las aves rapaces, mujer única que tiene el poder de ver el destino de los otros, mas no el propio, y quien se toma a las personas por lo que son, no por lo que deberían ser, se vuelve un personaje tan memorable que, en parte, queda saldado su anonimato histórico.

Hay novelas que no pueden pasar de largo ni ser olvidadas; esta es una: la belleza de Hamnet, la forma como nos habla de la pérdida y del amor, de lo que somos como sociedad, nos hará llorar y sentir la efímera vida, más en tiempos de pandemia 

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