El resultado del plebiscito expuso la personalidad histérica de Colombia. La altanería e insolencia de un alto porcentaje de sus ciudadanos que son incapaces de buscar consensos cuando las cosas no salen como estaban pensadas. Toda la calma y los brazos abiertos para el perdón que vimos en los últimos meses desaparecieron de un brochazo cuando las urnas hablaron.
Y aunque era de esperar que una parte de votantes que se dejó guiar por las generalizaciones y los prejuicios saltara en insultos ante la derrota, lo más sorprendente es que un amplio sector de los moderados reaccionaron igual de irreflexivos. Periodistas, académicos y políticos que apoyaron el Sí -por el cual yo también voté- desencadenaron una cascada de insultos y agitaron las banderas...