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Santiago Silva Jaramillo
Columnista

Santiago Silva Jaramillo

Publicado el 29 de octubre de 2015

Historia de dos gobiernos

Hace cuatro años, cuando ganó Aníbal Gaviria, muchos sentimos alivio porque no ganó Luis Pérez, eran los tiempos del voto útil en manada, con desesperación por evitar un destino a nuestra ciudad que esta vez no fuimos capaces de evitarle a nuestro departamento. Pero este pasado domingo, cuando ganó Federico Gutiérrez, sentimos esperanza; nos enfrentamos a los sentimientos de confianza y contenida emoción de una campaña política con muchos altibajos, pero que Gutiérrez y su equipo asumieron con seriedad y disciplina.

Igualmente, tengo que reconocer que se me aguaron un poco los ojos cuando la victoria fue clara y que tuve un ligero escalofrío de emoción cuando una periodista con mal disimulada alegría le dijo “alcalde” por primera vez a Fico.

En efecto, ganó la esperanza, la idea de que se puede hacer política construyendo confianza, hablando con la gente, llevando el poder a los territorios, los equipos a las callejuelas y los voluntarios a los barrios. Que la humildad no es una traba en política: todo lo contrario, fue la idea crucial que permitió que Federico Gutiérrez se haya convertido en nuestro alcalde.

Pero en nuestro país la política suele ser agridulce, siempre que nos otorga algo, nos quita otra cosa igual de importante. Mantiene un equilibrio frustrante en el que la democracia parece estancada. Por eso resulta tan preocupante el resultado a la Gobernación de Antioquia, porque retrocedimos; enmarañados en las peleas nacionales de aspirantes presidenciales y en la activación de la vieja política, que no dejaría que la derrotaran en el departamento y su capital.

Similares fueron los casos en otros lugares del país. En muchas de las ciudades capitales ganaron fuerzas de renovación de origen ciudadano, apalancadas en un voto de opinión. Pero la otra cara de la moneda fue perversa, quedando muchas gobernaciones en manos de las fuerzas tradicionales, apoyadas en los partidos políticos y los rancios liderazgos políticos.

Esta es la historia de dos tipos de hacer política en la misma elección, del enfrentamiento de dos formas de entender la realidad pública y la democracia. En Medellín, los ciudadanos podemos estar tranquilos con la decisión final, incluso los que no votaron por Gutiérrez; en Antioquia, creo que tendremos que abrir ojos y estar atentos. Muy atentos a lo que suceda en el gobierno de Luis Pérez.

En hora buena para la Fico y para todo su equipo. En hora buena para Medellín y sus ciudadanos. Ahora sigue el mayor de los desafíos: gobernar.

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