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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 14 de octubre de 2021

Historias de locos bajitos (46)

“Mientras haya una mujer hermosa, habrá poesía”, asegura Bécquer. Mientras haya niños, habrá material para este anecdotario.

Para información de algunos lectores, las historias me llegan generalmente de padres o abuelos. También guaqueo o mazamorreo en revistas, redes o libros que publican textos parecidos.

Mi gracia de pirata de ojos destapados consiste en tomar de aquí y de allá, copiar y pegar que llaman. Songo sorongo van 46 columnas.

En el mes dedicado a los niños sería un exabrupto no cederles este espacio a los menudos:

A la muerte de su abuelo, Luis Miguel, de siete años, se sentó y escribió: “Abuelo, como estás en el cielo, dile a Dios que gracias por recibirte. Espero que estés muy feliz”.

Llorando, el mismo Luismi le preguntó a su madre: “¿Mamá, por qué el abuelo se fue hoy? Debió haber esperado hasta los cien años”.

La madre le explica que la muerte nos llega a todos, pero que hay una forma de que las personas sigan con nosotros, a través de los recuerdos. El pequeño vuelve a la carga: “Pero eso es lo que me da miedo: que se me olvide el abuelo...”.

Mi nieta Emilia, de seis años, cuando la mamá le enseñó a rezar el Ave María le preguntó: “¿Tú crees que la Virgen es sorda? ¿Por qué tienes que repetirle lo mismo tantas veces?”.

María, de tres años: “Mami, ¿cierto que usted va a ser mi mamá todo el tiempo?”.

“Papi, ¿yo tengo el alma chiquita o grande?” (Juan, cuatro años).

Les preguntan a unos niños: ¿a qué sabe la guerra y por qué? Responde Catalina, de doce años: “Para mí, muy amargo porque la guerra nadie la quiere, tal vez solo los que no han probado la dulzura de la paz” (Del libro “Los niños piensan la paz”, obra coordinada por el profesor Javier Naranjo Moreno).

Cuando Lucía tenía tres añitos fuimos a tomarnos unas fotos que necesitábamos. Tenía un vestidito strapless que se le caía continuamente en el pecho. Para tomarle la foto no se quedaba quieta y entonces le dije: “Quedate quieta, ¿qué estás haciendo?”. Y muy seria contestó: “Aquí, acomodándome las tetas”.

Cuando mi hijo era pequeño, el profesor preguntó: ¿qué es el amor? Él levantó la mano y dijo: “El amor no solo son palabras que se dicen al azar”.

Un pediatra suele preguntarles a los niños cosas como cuáles son las vocales, hasta cuántos números saben contar. Al salir de la consulta, un niño alerta a sus contemporáneos: “El que no sepa las vocales y no cuente hasta el número diez, ni entre porque el médico está haciendo exámenes” (Del libro “Cien anécdotas de los pediatras colombianos”)

Valentina, de seis años, le dice a su padre: “Papi, eso que te cuelga a ti es muy feo. Deberías tener cuquita, como yo” 

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