Me duele la vida por sus crueles historias de necedad. Se utiliza al ser humano como divertimento, se aniquila su libertad, se pisotean sus derechos más básicos, como si viviéramos en una selva, donde nadie reflexiona, ni nadie se preocupa de los más desvalidos. Realmente somos esclavos de nuestras propias miserias. Todavía hoy millones de personas, de todas las edades y naciones, se someten a la pertenencia de poderes avaros, que los utiliza como mercancía. Pienso en tantos emigrantes a los que se les niega todo, hasta ser detenidos sin miramiento alguno y, en bastantes ocasiones, en condiciones inhumanas. Olvidamos que cualquiera de nosotros puede ser un migrante. No desdibujemos situaciones que son de auténtico calvario.
La mayoría de los...