Una silenciosa revolución se está dando en la ciencia económica y está alcanzando los fundamentos de la disciplina. La economía del comportamiento, una vertiente que cada vez gana más respeto, y autores como Benabou y Tirole (premio Nobel 2016) lo plantean con claridad: el concepto de homo economicus, uno de los pilares de la construcción de la identidad de la economía, que en el siglo XX le permitió diferenciarse de las otras ciencias sociales, no es adecuado para describir el comportamiento y las decisiones que toma el ser humano.
El homo economicus, recordemos, defiende racionalmente sus intereses teniendo en cuenta la información de que dispone, no siempre completa y fidedigna. Con base en esa información, el agente entiende sus restricciones...