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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 12 de marzo de 2021

Jesús y Nicodemo

El evangelio es el tratado de humanismo por excelencia, como podemos verlo, por ejemplo, en el pasaje del diálogo de Nicodemo con Jesús. Nicodemo tenía un corazón de oro, como lo demuestra su saludo a Jesús. “Rabí, sabemos que tú has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él” (Juan 3, 2). Saludo que establece un ambiente asombroso de transparencia afectiva.

Nicodemo tenía el presentimiento de que ese diálogo haría de él un hombre nuevo, pues sabía que Jesús era amigo del silencio y la soledad de la noche en el monte, la atmósfera propicia para dialogar con su Padre celestial, y que en ese diálogo estaba el secreto de su grandeza humana. El misterioso poder de su personalidad había cautivado a Nicodemo, pues su enseñanza y sus milagros eran la revelación de un mundo nuevo, donde se sentía volando por el espacio infinito.

El diálogo va de sorpresa en sorpresa. Jesús dice a Nicodemo: “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va”. Y agrega: “Eso pasa con todo lo que ha nacido del Espíritu” (Juan 3,8). El viento del Espíritu que empujó a Nicodemo a visitar a Jesús.

El diálogo sigue siendo de novedad continua, en que su punto culminante es esta confidencia: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Confidencia que Lutero apreciaba así: “Que Jesús tenga dos naturalezas, eso me tiene sin cuidado, pero que Jesús sea mi Salvador, eso me llena de alegría y de consuelo”.

Jesús significa Dios salva, y salvar es el sentido de la vida entera, pues salvar es cuidar la buena salud, conservar, preservar la vida. La salud es la inquietud primordial del ser vivo, del hombre en especial. La vida terrena de Jesús es el acontecimiento de salvación de principio a fin, como lo muestra el evangelio. Jesús dice al ciego de Jericó “Tu fe te ha salvado” (Mc 10,52). Tiene fe quien, sintiéndose débil, se apoya en algo sólido.

Nicodemo es para el hombre de la pandemia siglo XXI ejemplo admirable de lo que está llamado a ser. El ser por excelencia de la creación que se interesa en cultivarse para que el amor, que es unidad de dos, sea la salvación, la fuente de inspiración de cada paso del camino. El amor instala al amante en la vida del Espíritu. Lo que aconteció a Nicodemo

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