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Sobre la urgencia de pensar en orden

hace 1 hora
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Carreras, a la que llegan los que no revisan lo que ha pasado antes y solo ejecutan, los que no le dan credibilidad a la historia y esta les pasa sus cuentas, los que dicen tener la razón y no admiten contradicciones, los que inauguran lo que no está terminado, los que acumulan hechos mediocres evadiendo consecuencias, los que alegan que los errores cometidos son asuntos de la naturaleza, los que esperan que se diga lo que quieren y no lo que es la realidad, los que se rodean de quienes no saben pero aplauden, los que dicen cumplir mostrando un revoltijo, los que amplían burocracias sin oficios definidos, los que se asesoran de hombres sí (esos que no cuestionan), los que creen que lo último es lo mejor por la apariencia que tiene, los que estiman que la propaganda es superior a los hechos, los que promueven escándalos para tapar lo anterior (las agendas circenses), los que hablan de nuevos objetivos a tener en cuenta sin decir si los anteriores se cumplieron. En fin, el desorden no se da al azar sino debido a que no se sabe pensar. O lo peor, a que no se quiere pensar.

La celeridad con la que vivimos debido a las malas planeaciones y a tener a quien culpar si no le logra nada, los errores que se cometen porque obedecen más al deseo que a mirar al detalle lo que se hace, es una constante de los últimos años. Y esta celeridad, que se vale de lo que sea (mentiras, amenazas, corrupciones) tiene en vilo a la democracia y alienta a las economías emergentes (enriquecerse ya sin saber qué hacer después con el dinero). Muchas democracias ya parecen formas de totalitarismo, la diplomacia es un ejercicio del deshacer y la información es un susto continuado: armas más destructoras, nuevos virus atroces, economías saltarinas, invasiones para imponer criterios, nuevos dioses parecidos a Zeus y sus tropelías etc. Y ahí vamos, sin pensar.

Pensar es hacerse una pregunta y saber de dónde sale esta. Y se piensa para ordenar, saber qué se tiene y cómo avanzar sin dañar. Y en este pensar la realidad está presente (lo que hay y lo que ha sido), los resultados obtenidos y el control a lo que se sale de cauce. Pensar exige calcular bien lo que va a pasar en lo propio y lo marginal, en lo que se mantiene y lo necesario para avanzar sin errores. Pensar, entonces, no es desear, es construir. Es lentitud que permite verlo todo por la forma que tiene y no por lo que imagino. Pensar es ser un humano inteligente.

Acotación: Esto de que en el camino se arreglan las cargas, no es cierto. El que piensa sabe cómo es el camino y que llevará por él. No es un azar, es un saber continuado.

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