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¿El remedio o la enfermedad?

¿Las reglas fracasan cuando regulan la conducta que observan, pero no anticipan la conducta que provocan?

hace 1 hora
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  • ¿El remedio o la enfermedad?

Por Juan Carlos Manrique - opinion@elcolombiano.com.co

En 1902, Hanói - capital de Vietnam- tenía demasiadas ratas. Las autoridades coloniales francesas encontraron una solución aparentemente impecable: pagar por cada rata eliminada. Para cobrar bastaba entregar la cola. Poco después comenzaron a aparecer ratas vivas sin cola. Algunos cazadores habían descubierto algo elemental: matar una rata producía una recompensa una vez; dejarla reproducirse podía producir muchas. Pero sobre todo habían descubierto cómo jugar con un incentivo perverso. Habían entendido perfectamente el remedio.

En El aprendiz de brujo, de Goethe, un joven encanta una escoba para que cargue agua por él. La solución funciona demasiado bien: la escoba obedece, pero él no sabe cómo detenerla y termina inundándolo todo. No fracasa porque la escoba desobedezca. Fracasa porque cumple demasiado bien la instrucción que recibió. Ahí está la paradoja: una regla puede cumplirse perfectamente y fracasar al mismo tiempo.

En China, el controvertido caso Peng Yu se convirtió en símbolo del riesgo de ayudar a un desconocido accidentado: quien se detenía a auxiliar podía terminar acusado de haber causado el accidente. El temor comenzó a cambiar una conducta elemental: ayudar. China tuvo entonces que corregir el incentivo. En 2017, una norma nacional estableció que quien presta voluntariamente ayuda de emergencia no responde civilmente por los daños causados al auxiliado.

Colombia tiene múltiples ejemplos. El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos ofreció beneficios para abandonar la coca. Funcionó donde fue implementado: los cultivos disminuyeron entre beneficiarios. Pero una investigación publicada en el Journal of Public Economics encontró que el anuncio previo también generó el incentivo contrario: algunos agricultores aumentaron la coca para poder ser elegibles para el programa. Ese efecto anticipatorio redujo a la mitad su efectividad.

No era necesario desafiar la política. Bastaba entenderla. Los incentivos perversos no necesitan personas perversas. Pueden surgir de respuestas perfectamente racionales.

Esto se complica cuando aparecen derechos fundamentales. Proteger a los menores reclutados por grupos armados es una obligación del Estado. En septiembre, un juzgado colombiano estableció precauciones reforzadas para operaciones aéreas cuando exista información verificable sobre presencia de menores. ¿Aumenta el valor estratégico de reclutar menores? Plantearlo no cuestiona la protección del menor; obliga a pensar cómo puede reaccionar los criminales que pretende aprovecharse de ella.

Las empresas sí que tienen problemas con los incentivos perversos y los KPI - Key Performance Indicator. Chrysler estableció para sus concesionarios metas mensuales escalonadas de ventas, con bonos al alcanzar determinados porcentajes del objetivo. La lógica parecía impecable: cuanto más vendieran, mayor sería el premio. Pero apareció un efecto inesperado. Cuando un concesionario concluía que ya no alcanzaría el siguiente escalón del bono ese mes, tenía menos razones para seguir empujando ventas y podía preferir esperar al mes siguiente, cuando comenzaba un nuevo período

de medición. El sistema terminó generando ciclos de fuertes y débiles pedidos, justo lo contrario de la estabilidad que Chrysler buscaba.

Antes de aprobar una ley, dictar una sentencia, diseñar una política o fijar una meta empresarial, no basta preguntarse qué queremos lograr. Hay otras preguntas, menos cómodas y probablemente más importantes: ¿Las reglas fracasan cuando regulan la conducta que observan, pero no anticipan la conducta que provocan? ¿Es peor el remedio que la enfermedad?

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