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Arepa y chicha son compatibles

hace 1 hora
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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Es una equivocación reducir el problema del regionalismo o de la presunta pugna entre regiones, a la oposición tradicional entre los rolos y los naturales de regiones diferentes de la central. Se ha entendido, en forma equivocada, que el rolo es una suerte de enemigo del oriundo de las provincias diferentes de Bogotá. En forma tradicional y exagerada, ha llegado a creerse que el rolo es un colombiano de segunda categoría. Sobre todo en la época de los dramatizados de televisión basados en las costumbres bogotanas, se exaltó de tal modo la condición de rolo, que se incurrió en ese error. Entonces, Don Chinche era el prototipo del rolo, lo mismo que los protagonistas de la célebre serie dominical Yo y Tú. Hecha esta aclaración, es preciso insistir en que ahora, cuando se verifica una irrupción bienvenida de los criterios regionales, en especial después de las recientes elecciones, queda claro que no puede tratarse de la reedición de una pugnacidad inconveniente entre paisas y rolos, que fue tan nociva en épocas de la clásica vuelta a Colombia, cuando se coreaba a los ciclistas con los estribillos de “arepa sí, chicha no”, y las llegadas de la última etapa a Bogotá se convertían en problemas de orden público, al acrecentarse el aborrecimiento regionalista.

Las diferencias entre las regiones son bienvenidas. Son inevitables en un país caracterizado por las distintas formas de geografía, por la multiplicidad de estilos y tradiciones, pero reunido por una sola bandera. Establecer una diferenciación entre rolos y naturales de otros lugares diferentes de la capital, resulta hoy en día ridículo. Aquel que sea elegido mandatario, debe partir de esa base para unir y no para dividir.

Eso pasó a la historia y no tiene ningún sentido, aunque desde el altiplano no falten quienes pretendan revivirlo. Las decisiones anunciadas por el nuevo presidente De La Espriella, son muy pertinentes. Revelan un estado de ánimo notorio en buena parte del país, después de las votaciones. Antioquia ha sido una provincia castigada, ninguneada por un gobierno que no tuvo ningún criterio para el manejo equitativo de las cuestiones del Estado, y que funcionó, si acaso, en defensa de los intereses centralistas. Sería una insensatez demandarle al régimen que está por comenzar, un trato preferencial a Medellín, a Antioquia y a las provincias que no sean de su filiación. Repetir esta estrategia sería un factor de división, malestar y subdesarrollo.

Lo que está surgiendo, a todas luces, es un replanteamiento en serio de la relación entre centro y regiones, de tal modo que se establezcan unas relaciones de equilibrio en toda la nación. Esto lo vemos con optimismo, lo celebramos, convencidos de que el país está dando un rápido viraje que marcará un estilo muy distinto y la proscripción, por obra del voto ciudadano, de los abusos, los atropellos y la falta de visión política de un régimen que se caracterizó por su tendencia autocrática. Hablar de rolos en tiempos como los actuales, es un grave error. Ésta es una palabra que bien podría borrarse del diccionario, si lo que se pretende es construir un país en paz, marcado por el progreso y la tolerancia, y no un conglomerado de tribus impulsadas por la violencia, el espíritu retardatario y excluyente, la malicia y la mala fe, que marcan rasgos de identidad indelebles en un gobierno por fortuna languideciente.

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