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Por Juan Manuel Cifuentes Hernández - opinión@elcolombiano.com.co
Escribo esta carta pensando en Colombia, en mi futuro y, sobre todo, en el de mi generación. Pienso en mis amigos, en los millones de jóvenes colombianos que soñamos con un país donde pensar diferente no nos convierta en enemigos, donde podamos caminar por las calles con tranquilidad y donde existan oportunidades reales para salir adelante mediante el trabajo y la educación.
En medio de la polarización que vive el país, los jóvenes tenemos una responsabilidad enorme que no podemos delegar: participar. La democracia no se fortalece con la indiferencia ni con la apatía, sino con ciudadanos que asumen el deber de informarse, debatir y decidir.
Por eso creo que este 21 de junio debemos acudir todos a las urnas. No solo para elegir un presidente, sino para defender las instituciones democráticas, las libertades individuales y el derecho de cada colombiano a construir su propio proyecto de vida.
Quiero invitar a mi generación a dejar atrás la indiferencia política. Durante años hemos escuchado ese cuento de que los jóvenes somos el futuro del país, pero la verdad es que también somos su presente. Las próximas semanas serán definitivas para Colombia. Lo que ocurra en este momento tendrá consecuencias directas sobre nuestras oportunidades de empleo, nuestra educación, nuestra seguridad y nuestro estilo de vida durante los próximos años.
Sé que Colombia parece cada vez más condenada a los extremos. Sin embargo, creo que ha llegado la hora de escoger un extremo. Y el extremo que hoy escojo, y que sé que muchos colombianos también escogen, es el de la coherencia, la democracia, la libertad y el respeto por las instituciones. Ese extremo lo representan Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.
Del otro lado está una visión de país que ha profundizado la división entre colombianos, que ha promovido la confrontación permanente y que ha gobernado desde una narrativa de lucha de clases y resentimiento. Lo que vivió Colombia durante estos últimos cuatro años no puede repetirse jamás. No después de la incertidumbre, la polarización y las promesas incumplidas que marcaron a este gobierno.
Muchos jóvenes escuchamos promesas de cambio, oportunidades y protagonismo para nuestra generación. Sin embargo, para muchos de nosotros, esas expectativas terminaron en decepción. Por eso invito a mi generación a evaluar con honestidad los resultados de este gobierno y a expresarse democráticamente en las urnas para castigarlo contundentemente.
El próximo 21 de junio será, en gran medida, un plebiscito sobre el rumbo que queremos para Colombia. Será la oportunidad de decir no al continuismo y, sobre todo, de defender aquello que hoy está en juego: la democracia, las libertades, la seguridad y la posibilidad de construir un país mejor y donde quepamos todos.
Votaré pensando en una Colombia más fuerte, más segura y más educada. Votaré por una propuesta que, a mi juicio, representa experiencia, preparación, carácter, determinación y una visión clara para enfrentar los desafíos que hoy enfrentamos como país.
Por esa razón, mi voto será por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.
Antes de tomar una decisión, pregúntese quién está verdaderamente preparado para gobernar a Colombia en uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Yo ya tomé una decisión. Estoy convencido de que Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo representan la mejor alternativa para conducir al país hacia un futuro de mayor seguridad, crecimiento y libertad.
El futuro de Colombia no está escrito. Depende de las decisiones que tomemos hoy. Y la más importante de ellas es participar. Porque la indiferencia también tiene consecuencias, y el país que tendremos mañana será, en buena medida, el reflejo de las decisiones que tomemos hoy; es por eso que invito a mi generación a no ser indiferente.