PorEduardo Correa RiveraUniversidad Nacional, Sede MedellínArtes Plásticas, tercer semestre @ecorreariveraeduardocorrearivera@gmail.com
Borges decía que el fútbol «es popular porque la estupidez es popular». Hasta buena parte del siglo anterior el fútbol tuvo fama de vulgaridad. Era, desde algunos círculos, una merienda para la voraz gentuza, peligrosa además por la susceptibilidad al fanatismo.
Lo irracional del juego ocasionaba, sin embargo, aficiones fortuitas que habían de ocultarse por la presión del ojo ajeno.
Se dice, por ejemplo, que Heidegger hacía maromas para mantener en secreto su empatía por el Bayern de Múnich, culpándose de un gusto a la luz exterior vergonzoso, como la sodomía.
Por fortuna la revisión del pensamiento en el posmodernismo...