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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 02 de abril de 2022

La bofetada de Will Smith

Este pasado domingo, durante la noche de los Oscar, recibimos un ejemplo que hubiera sido mejor evitar. Me refiero a la reacción desafortunada de Will Smith, quien le dio una bofetada al comediante Chris Rock, por hacer una broma sobre Jada Pinkerton, esposa de Will Smith. La reacción de Rock a la bofetada de su colega fue tan fresca que, por un momento, pensé que se trataba de algo acordado. Pero, cuando vi que Will Smith siguió enfadado gritándole improperios al comediante, entendí que éramos una vez más tristes testigos de una masculinidad tóxica.

Después, Will Smith subió al escenario para recibir la estatuilla de oro como mejor actor; entre lágrimas, pidió disculpas por su descontrol a la Academia, pero no a Chris Rock, asumió un tono de predicador presentándose como el embajador del amor y defensor radical de su familia, y terminó con una broma, como si nada. Fue un show grotesco, que, sin duda, marcará la imagen de un actor al que hemos venido estimando no solo por sus extraordinarias interpretaciones, sino también por la vulnerabilidad y apertura con la cual nos ha venido compartiendo su historia de vida. Hace unos meses leí con gran gusto sus memorias.

La bofetada fue inoportuna y representó una reacción desproporcionada, que de ninguna manera se puede justificar. Al mismo tiempo, hay que recordar que la tensión entre Will Smith y Chris Rock venía de tiempo atrás. Probablemente, el resentimiento de Smith se había acumulado con los años y estalló el domingo pasado frente a todo el mundo. También es señal de que nos hemos acostumbrado a un lenguaje donde el límite entre la broma y el bullying se ha hecho cada vez más sutil. Codiciosos por la atención en las redes sociales, hemos venido aceptando niveles de lenguaje cada vez más ofensivo e indignante. Mucha de nuestra comunicación se ha vuelto una hipérbole. El mal ejemplo de Will Smith, entonces, me parece también una metáfora del nivel al que hemos reducido muchas de nuestras interacciones Quién sabe, deberíamos tener la honestidad de vernos reflejados al menos un poco en Will Smith en lugar de volvernos jueces morales. Es decir, deberíamos preguntarnos: ¿qué nos está pasando?

Porque Hollywood no es el único contexto donde somos testigos de un peligroso deterioro del uso de la comunicación. Esta semana también hemos escuchado incrédulos a Gustavo Petro acusar a un columnista de RCN de ser un periodista neonazi. Se trata de algo aún más preocupante, dado que sobran los ejemplos recientes de líderes autocráticos que han censurado a los medios. Así como no podemos pasar por alto la bofetada de Smith, tampoco podemos considerar menor un ataque que deslegitima a la prensa por parte de un candidato que tiene una alta probabilidad de ser el próximo presidente de Colombia, y que ha demostrado varias veces sus inclinaciones autoritarias. Estos son tiempos que nos piden más responsabilidad 

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