Hay que darle el crédito a la justicia de los Estados Unidos que puso en escena un caso probado de uno de los males recurrentes de la administración pública contemporánea: las coimas, los sobornos, los “engrases”, la compra de las adjudicaciones de los contratos estatales por parte de grupos privados poderosos. En Colombia, el escándalo ya cruzó las puertas del Congreso. La captura de Bernardo Miguel Elías Vidal, “el Ñoño”, es apenas una costra de la putrefacción, una señal tardía de la gangrena que tiene cojo a este país hace rato.
Esas prácticas están convertidas en “connaturales” del sistema y del ejercicio público de tiempo atrás, solo que ahora se destapó la olla. Y es bueno que ello ocurra para ver si hay algún punto, algún mojón que marque...