Se conoció el pasado jueves quince de febrero la comunicación que el presidente de la República le dirige a su incógnito reemplazo, en la cual -luego de posar como un gran estadista- pretende hacerle un “balance” de su acre gestión, para advertirle que “no voy a interferir para nada en su trabajo”; ello merece algunas reflexiones.
Para empezar, dígase que se trata de una esquela mal redactada, bolera e inoportuna, todo lo cual prueba que el género epistolar no es una fortaleza de su autor; y ello, como decía un colega, es evidencia clara de que sí la escribió el sombrío primer mandatario a quien, aparte de sus medianas y decoloradas columnas de prensa de otras épocas, nunca se le conoció una sola producción académica que merezca ser destacada...