Al leer la prensa mexicana de estos días, no se tiene más remedio que recordar las palabras del Santo Padre en su reciente discurso pronunciado ante las asociaciones de juristas: “La corrupción se ha naturalizado al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales, y financieras, en las licitaciones públicas, en toda negociación que involucre a agentes del Estado. Es la victoria de las apariencias sobre la realidad, y de la desfachatez impúdica sobre la discreción honrada”.
Se hace referencia, por supuesto, al escándalo suscitado a raíz de una profunda investigación periodística relacionada con la lujosa vivienda del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto...