Hace unos días tuve una conversación que sería la envidia de tu tertulia. Es que en las reuniones amplias se pierde a veces esa profundidad y cercanía que tienen los encuentros íntimos de tres o cuatro personas, en los que todo fluye como en una danza. Fue en mi oficina cuando Ana invitó unos amigos a hablar de música, educación musical y orquestas.
Confieso que cuando me proponen un gran sueño, que además es hermoso, me entusiasmo. Fuimos hablando, oyéndonos, y nos imaginamos una ciudad con conciertos en cada plaza, música para todos, a toda hora, pensamos en los músicos con más educación compartiendo y enseñando a los que aprendieron en el barrio o el colegio. Nos imaginamos una ciudad de melómanos, con grandes empresas musicales para el mundo...