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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 13 de enero de 2020

La curiosidad irresistible

En la mitología griega, Zeus no soportó que Prometeo robase el fuego de los dioses para dárselo a los humanos, y rencoroso como nadie, buscó la manera de vengarse de él y los mortales. Conocedor de la naturaleza humana y sus debilidades, que los hombres caen por la entrepierna y las mujeres por la curiosidad, el desquite de Zeus vino por el hermano de Prometeo, Epimeteo, a quien el dios le presentó la dotada de todo, Pandora, mandada a hacer por Zeus para ser irresistible. Aunque Prometeo había advertido a su hermano que no recibiera nada de extraños, y menos si eran dioses, la Pandora estaba más que bien y además venía con un bono extra, una cajita que no debía abrirse por ningún motivo. Epimeteo tomó a Pandora y la cajita, estrenó a la primera y guardó la segunda. Pero la curiosidad venció a Pandora y en un descuido de Epimeteo abrió la caja para conocer su contenido, liberando para siempre todos los males que Zeus había reunido para vengarse de los hombres. Pandora intentó cerrar la caja pero lo único que no logró escaparse fue la esperanza, que desde ese momento es lo último que debe perderse.

La curiosidad no es un mal en sí mismo, pues qué sería de la vida y la ciencia sin ella. Sin curiosidad los humanos hubiesen sido lo mismo que protozoos unicelulares. La curiosidad “predice el rendimiento académico más allá de la inteligencia, corroborando los hallazgos de que la curiosidad apoyaba la consolidación del aprendizaje a largo plazo”. Pero la curiosidad es tan poderosa como indiscriminada y, como la tentación, no siempre lleva a buenos finales, por lo que sigue siendo motivo de investigación. Un reciente estudio de Johnny King Lau y sus colegas titulado: “Hunger for Knowledge: How the Irresistible Lure of Curiosity is Generated in the Brain”, sugiere que la curiosidad está impulsada por un proceso neurobiológico que se manifiesta en el cuerpo estriado del cerebro, similar a la satisfacción del hambre física.

La curiosidad tiene el potencial de afectar la toma de decisiones, en ocasiones alterando la inviolabilidad de las normas de comportamiento inducidas o autoimpuestas y los análisis de consecuencias y costo beneficio que se tengan previamente sobre algo. La curiosidad de Pandora no es tan lejana a la tentación de Eva en El Paraíso original.

Aun sabiendo que no debe hacerse: ¿no ha querido conocer la clave del celular de su novia para ver qué y con quién habla en WhatsApp y de qué calibre son las fotos que guarda? ¿Nunca ha querido ver qué pasa si deja un tenedor adentro de un microondas? Así quede como un marrano si lo pillan: ¿no ha tenido la curiosidad de meterle un dedo a la torta de cumpleaños que todavía no han repartido, ver el final del libro que acaba de empezar o leer los spoilers de la serie de cable que acaba de iniciar?.

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