Así como los funcionarios judiciales impolutos de antes fueron reemplazados por ciertos corruptos que llenan de ludibrio a muchos servidores honestos, que todos los días ayudan a construir el Estado de Derecho, también los otrora soberbios abogados penalistas que batallaban a brazo partido por la justicia fueron desplazados por otros que fomentan la burda descomposición. Por eso, hoy a los sindicados no se les defiende de forma ortodoxa como lo imponen los cánones de una justicia propia de una organización social democrática, sino que sus procuradores judiciales lo hacen a punta de leguleyadas.
Un buen ejemplo de ello es la asesoría dispensada al senador Musa Abraham Besayle Fayad, a través de una gastada forma de abogar: la de declararse perseguido...