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Aunque parezca redundante, la realidad de la familia enseña una indefensión abrumadora, como si desde todos los frentes se le lanzaran poderosas cargas de profundidad que siguen diezmándola. La institución familiar debería ser el objetivo central de todas las fuerzas sociales que definan el bien común como propósito, pero se ha convertido, al contrario, en el blanco de los ataques más destructivos. Son frágiles las estrategias para salvarla y fortalecerla, en tanto que desde la política, la economía, la seguridad, la tecnología, los medios de difusión y hasta la educación se le descuida, subordina, socava y menosprecia.
Hago particular énfasis en la indiferencia de no pocos órganos de comunicación que afectan la dignidad y...