El hombre más afortunado del mundo es el que sabe lo que quiere. El que tiene claro quién quiere ser el último día de su vida. Adónde quiere estar, para llegar haya que atravesar un camino lleno de incógnitas. Dicen que lo único más difícil que cambiar el pasado es predecir el futuro. Pero hay algo de un hombre decidido que sabe batir el pesimismo con optimismo que lo vuelve casi un oráculo. Hay hombres que saben a dónde quieren llegar y morirse sin lograrlo es su único miedo. Lo demás es parte de la aventura.
No deja de preocuparme cómo países de América Latina desperdician su capital humano por culpa de la pobreza, de la falta de oportunidades para niños que pasan ciclos de escolarización que sirven más para tranquilizar a los políticos y...