Contrario a lo que algunos expertos aseguraron hace unos años y a lo que muchos padres todavía creen, la frustración no solo no arruina la felicidad de los niños sino que una cierta cantidad es esencial para la formación de su carácter y su sano desarrollo emocional y social.
La principal tarea de los padres es la de facilitar y procurar que los hijos desarrollen las cualidades, habilidades y valores necesarios para que puedan ser los autores de su propia vida y triunfar en ella. Esto exige, entre otros, que ellos se críen en un mundo consistente con la realidad que tendrán que vivir como adultos, lo cual incluye una cierta dosis de frustraciones. Lo cierto del caso es que sólo si se experimentan desde temprana edad ellos podrán aprender a tolerarlas...