La Metamorfosis, de Kafka, es uno de los libros más impresionantes que he leído. Lo leí por primera vez cuando tenía veinticinco años y lo hice por la curiosidad que me generó el comentario de un profesor de literatura en la radio: que la lectura de ese primer párrafo era como una especie de pérdida de la virginidad. Una primera vez que te marca. Que no vuelve. Un momento que queda en ti y que de esa manera despiadada y sutil que tienen ciertas formas de arte te va definiendo sin que lo sepas.
Es cierto. La narración de La Metamorfosis vive en mí. En un lugar entre sueño y pesadilla. La mutación, el horror, lo fantástico, lo absurdo, el hombre insecto, el insecto hombre es tan real porque su gran tema es tan tabú y genera tanto rechazo como el...