La foto muestra a Nicolás Isaksson, exempleado de Reficar, con una mano en la nariz haciendo un gesto similar al de evitar un olor nauseabundo. La tomaron después de que este abogado pidiera perdón a la junta directiva de Ecopetrol por permitir prácticas de bandoleros que derivaron en un desfalco de más de $2.000 millones en la construcción de la Refinería de Cartagena.
Vuelvo y digo, qué foto más reveladora: cuando se habla de corrupción todo huele mal. Es el olor más asqueroso que pueda haber.
No fue sino que los hechos de Reficar revivieran con el perdón de Isaksson para traer a colación otros rollos en los que hay envueltos millones de pesos perdidos. Reficar, entonces, se mimetiza y queda como un ejemplo más, porque en la tierra del divino...