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Ángela Marulanda
Columnista

Ángela Marulanda

Publicado el 15 de febrero de 2015

La palabra enseña pero el ejemplo arrastra

Hoy parece que la formación del carácter en los niños, esa capacidad que regula su conducta moral y los anima a obrar bien, ha dejado de ser lo único primordial en la formación de los hijos.

Ahora tiene mucha importancia el cultivo de su inteligencia, de sus habilidades y sus atributos porque son estos los que les permitirán destacarse profesionalmente y ganar buen dinero.

Quizás por eso, a menudo, se dedican más esfuerzos y recursos a cultivar la inteligencia, las habilidades y la apariencia física de los hijos que a desarrollar sus virtudes morales y sus dones espirituales.

Sin embargo, a veces ignoramos que, en materia de valores y principios éticos, los colegios solo pueden reforzar lo que les enseñemos en casa a través de nuestro ejemplo. Aun cuando en el colegio se les insista a los alumnos que actúen correctamente, ellos no lo aprenden solo a base de sermones, amenazas o reproches, sino por el ejemplo de lo que ven hacer a los adultos que ellos más aman y, por eso, quieren imitar.

Los hijos solo integran los valores y principios éticos cuando los asimilan y adoptan gracias a lo que ven, dicen y hacen las personas adultas que más admiran, como son su papá y su mamá. Aun cuando les insistamos que deben ser generosos, amables, respetuosos, honestos... poco lograremos si los niños ven que, a menudo, nosotros no practicamos lo que les decimos con palabras pero no con actos. Además, cuando permitimos que ellos se entretengan con toda suerte de películas, series, shows y canciones en las que los protagonistas sobresalen por la agresividad, la deshonestidad o la vulgaridad con que actúan, estamos diciéndoles que esta bien proceder mal.

Lo fundamental para que los niños obren correctamente y hagan el bien es que actúen motivados por sus virtudes y guiados por los principios que aprenden, ante todo, de nosotros... porque la palabra enseña pero el ejemplo arrastra. Los hijos tendrán más posibilidades de ser personas correctas y bondadosas si han visto que para sus padres es más importante dar que recibir, contribuir que ganar, servir que sobresalir y cosechar satisfacciones que acumular millones.

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