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Francisco de Roux
Columnista

Francisco de Roux

Publicado el 01 de mayo de 2016

La Paz de Jesús

En el Evangelio Jesús dice: “Les dejo mi paz, les doy mi paz. No es una paz como la que da el mundo”.

Estas palabras fueron centrales en la Conferencia tenida en Roma sobre Paz Justa y Noviolencia, impulsada por el Papa Francisco y convocada por la Comisión Pontificia de Justicia y Paz y Paz Cristi Internacional. Participamos mujeres y hombres y entre ellos religiosas, sacerdotes, obispos y teólogos. La declaración final plantea la sustitución del paradigma católico de la Guerra Justa por la Paz Justa y llama a la noviolencia.

La Conferencia reflexionó sobre la revelación paulatina que en el Antiguo Testamento ve a Dios luchando al lado de su pueblo como Dios de los Ejércitos y que llega a revelarse plenamente en Jesús como misterio de amor totalmente desarmado.

Jesús vivió entre violencias. Oyó, cómo cuatro años antes de su nacimiento los romanos crucifican en el entorno de Nazaret a más de dos mil judíos, como cuenta el historiador Josefo, vio cómo rebeldes se levantaban contra el Imperio y conoció la violencia del Templo y de la extorsión de los recaudadores. En ese contexto llamó a amar a los enemigos.

Por eso tenemos los cristianos mártires que no aceptaron ser enrolados en el ejército romano, hasta que Constantino en 313 bautizó a las tropas imperiales. Entonces San Agustín formuló la idea de la Guerra Santa, que Tomás de Aquino perfeccionó; y se siguieron las Cruzadas, la guerra de la Inquisición, la guerra de la Conquista; y con la misma justificación hubo sacerdotes peleando en la Independencia y obispos y papas condenando a los rebeldes contra los reyes católicos. San Ezequiel Moreno llamo a la Guerra Justa contra los liberales, y Camilo Torres y tres sacerdotes más por la misma razón se fueron a la guerrilla, mientras el Ejército Colombiano se dotó de capellanes y diócesis castrense. Pero si somos serios, la guerra y las armas no se pueden justificar ni bendecir con el Evangelio de Jesús, y los últimos papas han sido claros en pedir que no haya más guerras por ningún motivo.

La alternativa no es el pacifismo irresponsable sino la decisión de enfrentar y resolver los conflictos, respetando al opositor, expresando con claridad los derechos e intereses, aceptando responsabilidades de lado y lado, buscando una salida que nos haga crecer a todos. Esta es la noviolencia que Gandhi y muchos otros vieron en Jesús. Pero es una Paz Justa costosa. Jesús lo sabía. “Si los odian, dijo, no se extrañen, a mí me han odiado primero. A ustedes los llevarán a los tribunales y los matarán pensando que dan gloria a Dios”. Como lo mostraba un teólogo en la Conferencia, si Jesús hubiera sido promotor de la guerra, en vez de decir en la última cena: “les entrego mi cuerpo y mi sangres”; hubiera dicho: tráiganme la sangre y los cadáveres de los invasores romanos” .

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