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Anacristina Aristizábal Uribe
Columnista

Anacristina Aristizábal Uribe

Publicado el 06 de agosto de 2019

La raza antioqueña

La dirigencia de la raza antioqueña es, sobre todo, experta en construir megaobras. Obras que nos saquen del atraso, que nos modernicen y aseguren el futuro. Hay un imaginario que alimenta la idea de una raza superior, pero pongamos los pies en la Tierra, y mejor formemos una clase dirigente pública y privada que realmente aplique su inteligencia con honestidad, en el bienestar de todos, no en la debacle de todos.

Quizá la primera obra hito de la dirigencia de la raza antioqueña fue la construcción del Ferrocarril de Antioquia. El contrato de 1874 estipulaba que la obra debería realizarse en poco menos de 9 años, pero tardó 55, pues hubo que sortear dos guerras civiles y graves problemas de contratación. Entre las conclusiones que el Ph.D. Juan Santiago Correa Restrepo, académico correspondiente de la Academia Colombiana de Historia, publica en 2012 sobre el Ferrocarril de Antioquia, dice “Como Cisneros, muchos aprovecharon esto para iniciar un carrusel de contratos y de reclamaciones injustas en las que participaron, en perjuicio del país y de la región, tanto los inversionistas como miembros de la élite local y nacional, quienes abusaron de su posición dominante para su propio beneficio”. Muchos de ellos eran dirigentes de la famosa raza antioqueña.

Sin conocer la corrupción que yacía en su interior, los antioqueños se vanagloriaron con el Ferrocarril de Antioquia. A pesar de ello, y con todo lo que simbolizó este hito antioqueño, la generación siguiente de empresarios y funcionarios de la raza antioqueña fue incapaz de ver la dimensión del Ferrocarril para el desarrollo de la región y menos de salvarlo, y lo arrojaron por el shut de la basura, vendiéndolo a la Nación. Hoy no existe.

La siguiente generación de esa clase dirigente de la raza antioqueña nos ha metido en una deuda de (por ahora) 3.9 billones de pesos por el sobrecosto en la obras de Hidroituango. Pero, ya estamos acostumbrados a pagar estas cosas: no se olviden de que la primera fase del metro de Medellín debió costar USD$650 millones y salió costando USD$2.174 millones (Portafolio, 11/2007), platica que los medellinenses terminaremos de pagar en 2058 (EL COLOMBIANO, 11/2018). Sobre los exabruptos en la construcción del metro, pueden leer “Historia de una perfecta planificación para esquilmar al país”, de José Alvear Sanín. Lo de Hidroituango lo iremos sabiendo de a poquitos.

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