Que un acontecimiento sea capaz de apropiarse de toda la carga significante de una palabra, demuestra su potencia, amplitud e influencia. Eso pasa, precisamente con La Reforma. Renacimiento e ilustración tienen dimensiones similares, pero no están vinculadas a un evento sino a una vasta serie de obras y personajes, grandes como pueden ser Leonardo o Kant. Descubrimiento guarda proporción pero requiere apellido, de América en este caso. Revolución nombra varias cosas y se banalizó hasta convertirse en una muletilla o una máscara. La Reforma no requiere apelativo; se apropió, incluso, del artículo, para hacerse más singular y gira alrededor de una figura y un hecho: Martín Lutero (1483-1546) y la leyenda de las 95 tesis clavadas un 31 de octubre,...