La vida es un ratico. El pasado domingo se fue súbitamente mi amigo David Ramírez Mejía. Con Thiago, su hijo de dos años, iba por la ciclovía en bicicleta cuando un infarto fulminante le segó la vida. Algunas personas trataron de reanimarlo, incluyendo al alcalde Federico Gutiérrez, quien lo acompañó hasta el hospital y allá atendió a la familia, pero no fue posible salvarlo. David solo tenia 38 años.
Me enteré de esta tragedia por un mensaje que en la madrugada del lunes me envío desde Bélgica, Paul, un amigo en común. De hecho, la noticia de su muerte circuló rápidamente alrededor del mundo; David fue un autentico embajador del mejor talento de Medellín, del carácter más autentico, generoso, y noble de esta tierra. Por eso quiero escribir...