El segundo recurso natural que más se consume en la Tierra después del agua no es el petróleo ni el gas. Es la arena, aunque parezca increíble, con la que edificamos nuestras ciudades y fabricamos gran parte de los materiales necesarios para la vida actual. Vivimos literalmente sobre castillos de arena, algo más sólidos, no mucho más, que los que levantábamos junto a las olas del mar de chiquillos. Y resulta que, al actual ritmo de urbanización de nuestro planeta, la arena se ha convertido en un bien escaso y codiciado, tanto como para que existan ladrones de arena y un jugoso mercado negro en el que se trafica con este polvo arcilloso.
Leo en un apasionante reportaje publicado en el suplemento dominical del diario español “El País” que, desde...