Por CARLOS I. ARANGO
Un familiar fundó a principios de los años 80 una microempresa de alimentos. Pasaron 30 años y madrugando y luchando logró educar a sus hijos y ahora está próximo a jubilarse. Una bella historia dirían algunos, pero la verdad es otra. Mi pariente no aguantó más. Desde hace años cuanta institución del Estado hay le ha hecho la vida imposible: la que le hizo remodelar las instalaciones cuatro veces y lo ha multado dos; la que le exige que el agua del alcantarillado tiene que clarificarla instalando una planta de tratamiento en un local donde no le cabe; la que le exigió ensayo de emisiones a los hornos de gas y llenar cuanto formulario inentendible existe; el Invima que le tenía que dar su fórmula secreta para verificar si...