Hace dos años el pueblo cristiano de Chibok, olvidado en la remota Nigeria, saltó a la fama de la peor manera. El 14 de abril de 2014 hombres armados entraron a una pequeña escuela femenina para llevarse más de doscientas niñas en un escabroso secuestro masivo. Al sonido de las balas los terroristas se presentaron como Boko Haram, grupo radicalizado en su visión perversa del islam, y anunciaron su ataque a la “educación occidental”: el destino invariable de las mujeres debía ser el hogar y el servicio a su esposo. Asesinaron a un grupo de adultos y luego desaparecieron.
Días después, ante el terror de los padres, Boko Haram reveló que las menores seguían en su poder aunque no por mucho tiempo. La idea era convertirlas en esposas de algunos líderes...