Los tiempos modernos trajeron consigo el afianzamiento de palabras que vistas bajo el rigor de filólogos y escritores experimentados (que cabe citar) suenan huecas, aparatosas, redundantes, acartonadas e incluso ridículas.
La primera que se debe mencionar, y que tiene un lugar destacado y reiterado en los discursos de funcionarios y filipichines empresariales, es “problemática”. Ya no hay problemas. Todo es una problemática. Así, con ese tono ampuloso, rimbombante.
Según el diccionario abreviado de María Moliner, problemática es un conjunto de problemas que afectan a un asunto. Pero la categoría se usa sin distingo. La problemática del parqueo en los supermercados, por ejemplo. O la sugerencia para que el mensajero de la empresa arregle su problemática...