Los paseos que organizan los estudiantes para celebrar la finalización de su vida escolar son una tradición cuyo propósito, inicialmente, fue la de reunirse con sus compañeros para celebrar su graduación, compartiendo unos días de sana diversión en algún balneario, supervisados por padres o profesores. Lamentablemente hoy en día esos paseos se convirtieron en un viaje de varios días, con toda suerte de parrandas y sin la supervisión necesaria, en los que se les permite a los jóvenes que hagan todo lo que los divierta, indistintamente de si está bien o mal. Como resultado, a menudo se han convertido en una experiencia en la que le dan rienda suelta a una serie de excesos sin ningún control o restricción.
Por mucho que confiemos en la formación...