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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 06 de marzo de 2021

Liturgia y teatro: los Autos Sacramentales

Hace unas semanas empecé a hablar de la relación existente entre el teatro y la liturgia católica. Como lo he expresado, una sala vacía o un templo sin gente son la negación del teatro y de la liturgia. Hoy quisiera referirme a un género teatral en el que teatro y liturgia se juntan: los Autos Sacramentales.

El gran romanista e hispanista alemán Ludwig Pfandl (1891-1942) escribió: “No sé si sería mejor hablar en este caso de una forma de culto, que no de un drama, sobre todo puesto que la Iglesia no permaneció tan desinteresada de él como a veces se lee. Ya que si bien aquella nunca ni en parte alguna unió el teatro preceptivamente con el culto divino o la cura de almas, como ocurría con la cultura griega (en la cual hay que reemplazar el concepto de Iglesia por el de Religión del Estado), sin embargo reconoció en los autos sacramentales fuerte significación religiosa... Las comedias no eran consideradas como obras literarias ni como poemas; los Autos Sacramentales eran ambas cosas a la vez y, al mismo tiempo, de utilidad para el pueblo. Considerados históricamente, constituyen además un espectáculo de incomparable y envidiable grandeza. Son la confesión de los sentimientos artísticos y religiosos de una nación unificada en el más noble y profundo sentido”.

Según el diccionario de la RAE, el Auto Sacramental es “un auto dramático propio especialmente del Barroco español, basado en temas hagiográficos, morales o sacros, sobre todo el sacramento de la Eucaristía”. Según otra definición, es “una obra de teatro religioso, más en concreto una clase de drama litúrgico, de estructura alegórica y por lo general en un acto, con tema preferentemente eucarístico, que se representaba el día del Corpus entre los siglos XVI y XVIII hasta la prohibición del género en 1765”. Para Valbuena Prat, es una “composición dramática en una jornada, alegórica y relativa generalmente a la Comunión”.

Los máximos exponentes del género fueron los dramaturgos del clasicismo español Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Lope de Vega. Los Autos Sacramentales sirvieron para para divulgar las doctrinas del Concilio de Trento en la España del Siglo de Oro y fortalecer así al pueblo católico contra la Reforma Luterana.

En tiempos de pandemia y acosados por la virtualidad, teatro y liturgia padecen menoscabo de igual manera. La Iglesia debería insuflar a su liturgia lo que tiene el teatro de poderosa atracción para el pueblo: capacidad de con-vocación, de in-vocación, de pro-vocación. No se debe ir a una ceremonia religiosa a tranquilizar la conciencia individual, sino a participar comunitaria y festivamente de una liturgia cargada de símbolos y de lenguaje sacramental. Como en el teatro. Amén

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