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Felipe Vélez Roa
Columnista

Felipe Vélez Roa

Publicado el 19 de enero de 2022

¡Llegó la hora de que se vaya!

La ignorancia de nuestra historia empresarial y su estrategia para crear división ha llevado al alcalde de Medellín a comparar a nuestros empresarios con un grupo mafioso. Vale la pena recordar que precisamente cuando el narcotráfico irrumpió en nuestra sociedad, en los momentos más oscuros de nuestra historia, ellos permanecieron aquí al frente de sus empresas.

De hecho, hace algunos años eran usuales los movimientos entre el sector político y el privado y frecuentemente las funciones políticas locales eran ejercidas por dirigentes industriales, que las asumían honrados, buscando transmitir a la gestión pública la eficacia de sus gestiones empresariales. Cabe destacar la influencia de instituciones como la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín y la Andi, la fundación del Zoológico Santa Fe y los hospitales San Vicente y Pablo Tobón Uribe, la promoción del subsidio familiar y la creación de Comfama, instituciones que, junto con sus fundaciones y Proantioquia, han apoyado decididamente a los gobiernos locales en múltiples iniciativas sociales y culturales

Es cierto que después de las recientes OPA por algunas empresas del GEA, su liderazgo ha sido cuestionado y anunciaron, por fin, que revisarían su política de dividendos para beneficiar a los accionistas. Sin embargo, no se puede desconocer lo importante que este grupo ha sido para la región.

No es la primera vez que el Grupo Empresarial Antioqueño se enfrenta a un gobierno ligero con los recursos públicos y esta nueva arremetida en su contra es producto de la decisión de la registraduría que deja en firme el proceso para la revocatoria. Cabe resaltar que los contratistas de Hidroituango no hacen parte del GEA, ni se recuperó ningún dinero perdido. Pagaron los seguros, como siempre se dijo, pero el alcalde seguirá inventándose enemigos y diciendo mentiras para victimizarse y así desviar la atención sobre su incapacidad para administrar la ciudad.

Esta administración no es digna de gobernar a Medellín. No era tan difícil, hay un presupuesto suficiente, programas que funcionaron exitosamente en sucesivas administraciones y una ciudad que siempre le había respondido muy bien a sus gobernantes mientras venía superando sus dificultades.

A mí siempre me preocupó que la revocatoria pudiera convertir un traspiés en una larga pesadilla, pero lo cierto es que hasta los que votaron por él se sienten defraudados. Ahora más que nunca la debemos apoyar, así quieran, con cinismo, convertirla en un plebiscito anti. La revocatoria debe ser de todos los que queremos ver a Medellín resplandecer, ya después será el momento de elegir su reemplazo, al que, con toda seguridad, no le quedará grande la ciudad.

P.D.: Si antes no renuncia o si es acusado formalmente por la Fiscalía, esperamos que el presidente o el gobernador, según sea el caso, convoquen la votación para el 13 de marzo, que es el día de las elecciones legislativas. Se debe garantizar la mayor participación posible para que el resultado refleje el sentir ciudadano  

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