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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 15 de noviembre de 2022

Lo importante

Algo que me ha llamado la atención en estos poco más de 100 días del gobierno Petro. Se trata de una dicotomía sobre la importancia de lo que necesita este país.

Esa dicotomía tiene dos aristas. La primera, regida por la imperante necesidad del gobierno de mover sus asuntos a como dé lugar.

La segunda, la realidad de los de a pie, que empieza a pesar como un piano sobre sus espaldas.

La primera es parte del juego de poder al que le apuntó Gustavo Petro para reivindicar sus ideas progresistas en las que los únicos caminos de salvación son los que conducen a Petroland. Ahí hay una necesidad imperiosa de imponer un estilo complejo que grita “nada ha funcionado”. Entonces, casi que, rayando en una postura moral, sin importar las contradicciones que puedan tener ni los descaches conceptuales, técnicos, contextuales y de sentido común, los cuales se han vuelto evidentes, se va a hacer lo que sea, siempre y cuando funcione para sus intereses.

En ese juego de poder ya hay resultados. La reforma tributaria está lista para apretarle el cuello a muchos. El camino para lo que llaman Paz Total quedó abonado, abriendo un compás de incertidumbre sobre el riesgo de impunidad. La reforma agraria, piano-piano, cuaja sin un entendimiento aún de cómo será la lógica productiva de las tierras objeto, y mientras eso pasa van calentando los motores de otras reformas como las de salud y la laboral.

En fin, el criterio de importancia está puesto en esa lógica de poder dominante y hasta narcisista, que a grito herido asegura que vienen tiempos mejores.

Entonces, aparece el otro lado de esta dicotomía: lo que verdaderamente pasa en las calles, el pulso de los de a pie.

Hoy las conversaciones se decantan sobre preguntas incómodas para la popularidad de cualquier gobierno, pero casi que existenciales para la gente del común.

¿Será que va a alcanzar la plata para vivir? Esa es la preocupación y cómo no va a ser si por efectos de la devaluación el colombiano promedio se empobreció un 14 %. Eso es lo que se está hablando hoy, una preocupación colectiva capaz de matar el espíritu de un país.

Ahí es donde un gobierno debería empezar a mostrar el talante que dice tener, sacar la capacidad de entender la relevancia que puede ser para el futuro de la gente, responder a esas inquietudes de fondo que para ellos sí son importantes y se deben resolver, porque se trata de sobrevivir. Darle tranquilidad a un padre de familia que está por sacar a su hijo del colegio porque no le alcanza el sueldo o a un microempresario que entra en desespero porque ya piensa en despedir a sus trabajadores, tiene que ser el acto de mayor responsabilidad para el gobierno.

Conclusión: Las ganas de cambiar lo existente no pueden ignorar lo que realmente hoy es importante... que ya está pasando al territorio de lo urgente. .

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