Somos las primeras generaciones de padres dedicados a no repetir con los hijos los errores de nuestros antecesores y en el esfuerzo por abolir los abusos del pasado, somos los padres más dedicados y comprensivos, a la vez que los más débiles e inseguros que ha dado la historia. Como resultado estamos lidiando con unos niños más exigentes, beligerantes y poderosos que nunca.
En nuestro intento por ser padres ideales, pasamos de un extremo al otro. Así, somos los últimos hijos que los padres nos reprendían y los primeros a quienes los hijos nos reprenden; los últimos que tuvimos miedo a los padres y los primeros que les tememos a los hijos; los últimos que crecimos bajo el mando de los mayores y los primeros que vivimos bajo el yugo de los niños;...