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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 04 de junio de 2019

Lo que enseña España

La semana pasada terminó en España un periodo agitado de votaciones que eligió, en menos de un mes, a presidente de Gobierno, cargos municipales y escaños europeos. De todo ese agite de boletas y urnas, de debates y alianzas, salió muy fortalecido el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en cabeza del presidente Pedro Sánchez, y muy debilitado el derechista Partido Popular (PP). Sin embargo, la gran debacle ha sido la de Podemos, partido de izquierda liderado por Pablo Iglesias.

Desde que saltó a la popularidad por las protestas del 15 de mayo de 2011, como protagonista del movimiento Indignados, pasando por su fundación como partido en 2014, Podemos se convirtió en uno de los ejes de la política española. La fuerza de sus líderes era reconocida incluso por sus contrincantes, que veían inteligencia en la joven formación. Personajes como Íñigo Errejón (segundo al mando) o el mismo Iglesias, eran (y son) conferencistas habituales y tertulianos frecuentes en programas de tv.

En épocas de nueva política, Podemos y su apuesta por el progresismo encajaban muy bien. Tanto conectaban con el voto joven que para las elecciones generales del 2016 algunas encuestas los daban como candidatos para formar gobierno. Estuvieron cerca, pero el anhelado triunfo no llegó. Para esas votaciones el ganador fue el PP y ellos se quedaron en tercer lugar, muy cerca del PSOE. Una derrota honrosa que los ponía al lado de los dos gigantes de siempre.

A partir de allí empezaron las disputas internas y las recriminaciones. Iglesias y Errejón, viejos amigos de universidad, entraron en una pelea intestina por el poder del partido que finalmente terminó con Podemos quebrado y con Errejón renunciando a él. En las generales y en las municipales el golpe fue tremendo. Perdieron en todos los flancos, por votos y por representación. Hoy son la cuarta fuerza, muy lejos de cualquier pacto importante con los ganadores socialistas.

La realidad de Podemos es una triste cachetada de la política diaria a los discursos populares y alternativos. Esos que logran un apoyo importante por sus propuestas y luego resultan heridos por la burocracia y las intrigas. Por eso los partidos de siempre y sus maquinarias -como zorros viejos- se ríen de los aires progresistas y los enfrentan agazapados. Con paciencia. Saben que a veces los egos de los reformadores pueden más que sus ganas de reformar.

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